SECCIÓN JUVENTUD - ABRIL 2021

 ¡Jesús vive y nos sana!

La Cuaresma fue un tiempo de reflexión y de preparación para acompañar a nuestro Señor en su pasión, muerte y resurrección.

Sabemos que la historia no termina con la Pasión: después del sufrimiento y de la cruz viene la Gloriosa Resurrección. Jesús vive, Jesús triunfa sobre el poder del mal. Nos sana, nos conforta y nos bendice.

Es el misterio central de la fe cristiana. Es la base de todo lo que creemos los cristianos. La Resurrección de Cristo no es un retorno a la vida de antes, es el paso a una Nueva Vida.

Cuando me pidieron que escribiera sobre este tema, la Resurrección, me puse a reflexionar referente a mi pasado de cómo era y de lo que soy ahora. Mi vida, hoy día, es un constante renovarse, que, por esa razón, todo lo que haga debe llevar un poco de luz a los demás.

La palabra Resurrección es muy fuerte en mi vida, ya que como la gran mayoría tuve un pasado con muchos altibajos, vicios y mucho dolor que marcaron completamente mi vida, sin embargo, Dios puso en mi vida personas hermosas (me gusta llamarlos así), que me ayudaron a sanar de apoco y tomar conciencia de mis actos, rezaron mucho y empecé a creer más en mí.

Algo que puedo decir con certeza es que Cristo no nos abandona nunca, ni en medio del dolor. La Resurrección de Cristo, es lo que trae esperanza y alegría a todos y muestra que nuestras acciones, nuestra unción, nuestra entrega, nuestra vigilancia y acompañamiento de todas las formas posibles en este tiempo no son, ni serán, en vano.

Debemos recordar que la muerte es un hasta luego, esperando la Resurrección. Debemos tener la alegría y certeza de que resucitaremos con Cristo.

Quisiera recordarles algunas palabras del Papa Francisco cuando celebró en la Basílica de San Pedro la misa del Domingo de Resurrección, , el domingo 12 de abril del 2020, luego oró por el mundo entero e impartió la bendición Urbi et Orbi a la humanidad y a toda la creación:

Contagiar la esperanza que viene de la resurrección: “Es el contagio de la esperanza: «¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!». No se trata de una fórmula mágica que hace desaparecer los problemas. No, no es eso la resurrección de Cristo, sino la victoria del amor sobre la raíz del mal, una victoria que no “pasa por encima” del sufrimiento y la muerte, sino que los traspasa, abriendo un camino en el abismo, transformando el mal en bien, signo distintivo del poder de Dios”, afirmó el Papa Francisco profundizando sobre el sentido de la esperanza.

Mirar al resucitado: El Papa invita a mirar al resucitado, “que no es otro que el crucificado”, para “que sane las heridas de la humanidad desolada”. En este contexto, el Papa tiene presente a los enfermos, a los que han fallecido y a las familias que lloran la muerte de sus seres queridos: “Hoy pienso sobre todo en los que han sido afectados directamente por el coronavirus” y pide para ellos “que el Señor de la vida acoja consigo en su reino a los difuntos, y dé consuelo y esperanza a quienes aún están atravesando la prueba, especialmente a los ancianos y a las personas que están solas. Que conceda su consolación”. De igual manera recordó al personal sanitario, a las autoridades y a todos los que trabajan en los servicios esenciales.

Un período de cambios repentinos: El Papa se presenta cercano a aquellos que están enfrentando un futuro incierto, pues temen perder el trabajo y las consecuencias que este hecho comporta; también está cercano a quienes toman decisiones políticas y les invita a que encarnen la búsqueda del bien común de todos los ciudadanos “para permitir que todos puedan tener una vida digna y favorecer, cuando las circunstancias lo permitan, la reanudación de las habituales actividades cotidianas”.

Finalizó su mensaje diciendo: “Las palabras que realmente queremos escuchar en este tiempo no son indiferencia, egoísmo, división y olvido. ¡Queremos suprimirlas para siempre! Esas palabras pareciera que prevalecen cuando en nosotros triunfa el miedo y la muerte; es decir, cuando no dejamos que sea el Señor Jesús quien triunfe en nuestro corazón y en nuestra vida. Que Él, que ya venció la muerte abriéndonos el camino de la salvación eterna, disipe las tinieblas de nuestra pobre humanidad y nos introduzca en su día glorioso que no conoce ocaso”.

Joven, te digo a ti: abre tu corazón, deja que Cristo resucite en ti todos los días, déjalo transformar todo lo que hay en ti. Y disfruta de esta vida maravillosa que Él nos regala. ¡Que Dios te bendiga siempre!


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Autora: Nathalia González - Católica. Miembro del Equipo de Coordinación de la Pastoral Juvenil de la parroquia San Pablo Apóstol. Participa del Apostolado "Reina de la Paz". Abogada.

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