SECCIÓN FAMILIA - MARZO 2021

 ¿Y… si rezamos también a José?

Hace poco hemos recordado que como 4 años atrás, nuestra hija Guadalupe que tenía 5 años en ese entonces,  nos abrió los ojos acerca de la importancia de la devoción a San José.  Como solíamos rezar los tres juntos al terminar la jornada por la noche antes de dormir, siempre solo nos dirigíamos a María, Jesús y al ángel. Un día ella nos hizo un cuestionamiento que nos sorprendió mucho.  Con toda la ternura, sencillez e inocencia que le caracteriza nos dijo: ¿y… por qué no rezamos también a José? Acaso, ¿él no está también en ése cuadro? (Apuntando hacia un cuadro de la Sagrada Familia)

Ambos sonreímos y accedimos a su petición. Luego, al día siguiente, volvíamos a rezar no recordando la petición que nos hizo el día anterior. Una vez más - pero con más enojo - nos volvió a cuestionar: ¿Y San José? Porque se olvidan de él? ¡Él está ahí! Apuntando al cuadro. Todos los días ella tomaba la iniciativa de incluirlo en nuestras oraciones.

Y uno se pregunta: ¿Cómo una niña a su corta edad tendría esas atenciones y reconocería que  invocar a éste santo en nuestra familia era necesario?. Sin duda alguna, el Espíritu obró a través de ella para que reflexionemos al respecto y adentrarnos más a ésta devoción. Desde entonces nuestro cariño hacia San José se ha acrecentado y misteriosamente sentimos su gran protección sobre nosotros.

Y cómo no considerar su intercesión en nuestra familia y  en todas las familias del mundo. Siendo que el mismo Dios Omnipotente a mirado sus virtudes y lo ha elegido para proteger y cuidar a su Hijo y a la Virgen madre.

“Un padre amado, un padre en la ternura, en la obediencia y en la acogida; un padre de valentía creativa, un trabajador, siempre en la sombra”, con estas palabras el Papa Francisco describe a san José de una manera conmovedora en la carta apostólica Patris Corde, publicada con motivo del 150 aniversario de la declaración de San José como Patrono de la Iglesia universal.

Cuando supimos de esta noticia, nos llenamos de alegría porque en éstos tiempos de presunción, imprudencia, falta de modestia e impureza era necesaria una figura que aplaque todo esto con las actitudes contrarias, siendo el modelo de humildad, prudencia, modestia y castidad.

Es San José el ejemplo de vida que necesitamos todos: mujeres, varones y niños. Que el mismo Dios lo haya escogido para ser ministro de la salvación como lo llama el Papa Francisco, nos da la pauta de que debemos venerarlo, y acogerlo en nuestra familia, porque así también lo quiere Jesucristo, su hijo adoptivo, a quien a él lo acogió con mucho amor, lo cuidó en su infancia y adolescencia.

A San José le han dado varios títulos, uno de ellos es: “Protector de las familias”. Si él supo defender, ayudar y proteger al hijo de Dios y a su madre María - y que juntos forman la Sagrada Familia de Nazaret - como no lo haría también con nosotros que somos parte de esta gran familia que es la Iglesia. En la Sagrada Escritura encontramos un acontecimiento que habla de que José entró en un sueño profundo, un descanso y es ahí cuando el ángel le revela la voluntad de Dios. (Mt 1, 20-24). En casa tenemos una hermosa imagen de San José dormido, que representa justamente la manera en el que él estaba cuando Dios le da a conocer su misión,  ver esa imagen nos transmite y nos enseña la paz, tranquilidad y confianza en Dios que debemos tener a pesar de las adversidades que se presentan en nuestras vidas. Es necesario dar un descanso a nuestro ser en medio del ajetreo de todos los días y escuchar la voz del Señor.

Benedicto XVI nos enseña: “El silencio de San José no manifiesta un vacío interior, sino, al contrario, la plenitud de fe que lleva en su corazón y que guía todos sus pensamientos y todos sus actos. Un silencio entretejido de oración constante, oración de bendición del señor, de adoración de su santísima voluntad y de su confianza sin reservas a su providencia”

Que todas las familias se dejen contagiar por el silencio de este santo en un mundo ruidoso que no favorece el recogimiento y la escucha del mensaje de Dios. Dejemos que entre a nuestro hogar, a nuestra familia y a nuestro corazón, dejemos que sea también nuestro padre adoptivo.

Recemos también a San José.


Autores: Johana Leguizamón y Andrés Amarilla - Esposos y padres católicos. Catequistas en la Capilla Nuestra Señora de Betharram. Catequistas de Iniciación a la Vida Cristiana para Adultos.

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