SECCIÓN FORMACIÓN - ABRIL 2021

 La muerte y Resurrección de Jesús

Para empezar este relato me gustaría rememorar una idea que tenía cuando era niño, ocho o nueve años, creía que los médicos no experimentaban la muerte, no sé si en ese tiempo entendía lo que representa la muerte para las personas, pero sí tenía ya dentro mío el anhelo de la vida eterna, pensaba en los médicos y su privilegio de no experimentar la muerte.

Luego cuando crecí obviamente me enteré de la realidad, todas las personas experimentamos la muerte, tarde o temprano, y cada día que pasa es un día más cercano de nuestra muerte o el de nuestros seres queridos.

Esta pandemia y la situación sanitaria nos recuerdan la fragilidad de la existencia que tenemos las personas en este mundo, y lo valioso que es cada día que vivimos con salud y la compañía de nuestros seres queridos.

No obstante, la muerte o la enfermedad para un cristiano no tendría que ser sinónimo de tristeza o desesperación como bien lo afirma el Salmo 112, 7 No temerá recibir malas noticias; su corazón está firme, confiado en el Señor…” en el mismo sentido el libro de Romanos 8, 28 expresa claramente lo siguiente: Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito…”

Teniendo en cuenta lo señalado en el párrafo anterior siempre me preguntaba de dónde viene el miedo a la muerte, a la enfermedad, dado que, esas circunstancias nos revelan que estamos más cerca de estar presente delante de Dios, como bien lo señala San Pablo en 2 Corintios 5, 7-8 Así que en todo momento estamos llenos de confianza sabiendo que, mientras el cuerpo sea nuestra morada, nos hallamos lejos del Señor y caminamos guiados por la fe y no por lo que vemos.  Rebozamos confianza, a pesar de todo, y preferiríamos abandonar el cuerpo para ir a vivir junto al Señor…”

No obstante, en mi experiencia, las veces que he sentido temor por la muerte, la enfermedad o el futuro incierto tiene que ver con dos aspectos de mi relación con Dios y el pecado.

Antes de continuar quisiera referirme al miedo como un pecado muy presente en mi vida cuando dejo a Dios de lado, debido al egoísmo, pensar en mí mismo, faltar al amor como bien lo señala el siguiente autor:

El miedo es enemigo del amor, y solo el amor genuino es capaz de vencer al miedo. Como ha escrito Miguel Ruiz «El amor es siempre amable. El miedo es siempre rudo. Con el miedo nos llenamos de obligaciones, de expectativas, perdemos el respeto, evitamos la responsabilidad y sentimos lástima. ¿Cómo podemos sentirnos bien cuando el miedo nos hace sufrir tanto? Nos sentimos víctimas por todo, enfadados o tristes, celosos o traicionados. El enfado no es otra cosa que el miedo cubierto con una máscara. La tristeza también es el miedo cubierto con una máscara. Y los celos son miedo cubierto con una máscara. Y con todas esas emociones que provienen del miedo y que nos causan sufrimiento, únicamente somos capaces de fingir amabilidad. No somos amables porque no nos sentimos bien, y tampoco somos felices. Si estás en el camino del amor, no tienes obligaciones, no tienes expectativas... Te sientes bien contigo mismo y, como eres feliz, eres amable. El amor siempre es amable, y esa amabilidad te convierte en una persona generosa y te abre todas las puertas. El amor es generoso. El miedo es egoísta: sólo se ocupa de uno mismo. El egoísmo cierra todas las puertas. El amor es incondicional. El miedo está lleno de condiciones. En el camino del miedo, te amo si permites que te controle, si eres bueno conmigo, si te ajustas a la imagen que he creado de ti. Construyó una imagen de cómo deberías ser y, dado que no eres y nunca serás como esa imagen, te juzgo por esa razón y te declaro culpable. En muchas ocasiones, incluso llego a sentirme avergonzado de ti porque no eres lo que yo quiero que seas... En el camino del amor no hay ningún “si”; no hay condiciones. Te amo sin que haya razones ni justificaciones de por medio. Te amo tal como eres, y eres libre de ser tú mismo».[1]

El miedo, el egoísmo y el pecado me hacen vivir una vida sin experimentar el encuentro con Dios en los Sacramentos que son las acciones de Cristo en mi historia, se convierten en ritos vacíos que no me ayudan - como decía Benedicto XVI en “Dios es Amor”- a tener un encuentro con Dios que cambie la orientación de mi vida.

Aquí quiero aclarar que el problema no son los Sacramentos, que son efectivamente acciones eficaces de Dios a través del Espíritu Santo, pero cuando tengo la actitud de que solo estoy yo para vivir mi vida, la gracia de Dios no puede actuar por culpa de que uso mal mi libertad.

Dios no tiene problema en perdonar cualquier pecado y no importa las veces que uno cometa la misma conducta, si tiene la actitud correcta de que está en contra de la ley de Dios y quiere ser libre de ese pecado es cuestión de tiempo para superarlo y progresar en el camino hacia el Cielo.

Ya que Dios está vivo y me ama, esto que acabo de decir es lo principal y el fundamento de una relación personal y fructífera con Dios.

El cristianismo no es solo un conjunto de reglas y ritos que hay que cumplir y celebrar sino principalmente seguir y dejarse amar por Dios que se reveló en Jesucristo y su sacrificio de entregar la vida en la cruz por cada uno de nosotros.

Como segundo punto, con referencia a nuestro miedo al pecado, me gustaría mencionar lo que el Obispo Don Henrique Soares afirmaba sobre el miedo a la muerte cuando hablaba sobre la muerte que experimento Jesús luego de su pasión con las siguientes palabras: “Quien tiene miedo a morir, tiene al diablo por patrón…”

Lo primero que resalta de la charla es que cada vez que pecamos buscamos algo que no podemos encontrar en el mundo o en Satanás, dado que, la única vida que podemos conseguir es del autor de la vida y de aquel que venció a la muerte y tiene Vida Eterna.

Para hacerlo ordenado, es importante comenzar por una verdad evidente pero que a veces pasa desapercibido cuando se habla acerca de la resurrección de Cristo: en la cruz quedó un cadáver cuando Cristo fue crucificado. A Jesús le pasó lo que les pasa a todos los humanos al morir: se separó del cuerpo. Él quedó en el estado que la Biblia habla como Seol o hades que es el estado del alma separado del cuerpo sin poder ver a Dios, dado que el cielo estaba cerrado para la humanidad y Cristo vino para abrirlo y lo haría con su muerte y resurrección, como aun no resucitó, el cielo todavía no estaba abierto.

Cristo fue colocado en el sepulcro y su alma estuvo en estado de muerte, es decir, en estado derrotado por la muerte, Jesús para vencer a la muerte la probó.

¡Qué misterio tan grande! Cristo no solo murió en la cruz, sino que entró en la muerte, Él experimentó aquello que todos nosotros experimentaremos un día: el drama de la muerte. ¡Qué misterio tan grande! Aquél que es la Vida sumergido en la muerte, el autor de la vida, el Dios Todopoderoso ahora es nada e impotente.

En el segundo día del Triduo Pascual, Jesús fue cadáver. ¿Qué puede hacer un cadáver? nada, totalmente derrotado, totalmente entregado a la muerte.

La muerte así como la experimentamos amedrenta, nosotros no estábamos destinados a terminar de esta forma sino hubiéramos pecado, si bien es cierto no viviríamos para siempre, la Escritura dice: “Dios creo al hombre del polvo y le dio un número contado de días”.[2]

Si no hubiéramos pecado la muerte sería bendita, como parte de nuestra existencia, la entrada en la plenitud, es el pecado la que la hace amedrentadora, dolorosa, la hace separación de quienes amamos, la hace separación del cuerpo y el alma, la muerte se tornó amenaza de la nada, del vacío, del salto a lo desconocido.

Es tanto así que aún nosotros que creemos y amamos a nuestro Señor, cuando paramos a pensar en la muerte, sentimos aquella repulsa, aquel miedo de que vamos a morir, San Pablo lo dice en su segunda carta a los Corintios en el capítulo 5 que nos gustaría vestirnos del cuerpo glorioso sin tener que desvestirnos del cuerpo mortal, ninguno de nosotros quiere morir y por tanto es esa muerte amedrentadora la que Jesús enfrentó y eventualmente venció.

La escritura dice que éramos esclavos del diablo por causa del miedo a la muerte (Hechos 2, 15), ¿qué significa eso? muerte es cada pérdida nuestra, cada cosa negativa en nuestra vida, cada derrota, e incluso un placer al cual renuncio, de allí que viene la palabra mortis de la mortificación, muerte es de alguna forma todo aquellos que es una negación a mi voluntad, mis planes.

Como nosotros tenemos miedo a la muerte tenemos miedo a renunciar y nos tornamos esclavos del diablo por el pecado, yo no quiero renunciar a nada, yo no quiero renunciar a pecar, entonces caigo en la red del diablo, por no renunciar a mi modo de ver las cosas caigo esclavo del diablo, por miedo a la muerte somos esclavos del diablo.

Por eso Jesús dice que quien no pierda su vida por mí no vivirá de verdad (Mt. 10-39), ¡ojo! no es solo perder la vida, es perder la vida por Él y con Él, entonces el diablo nos ha tenido y nos tiene.

Si tenemos miedo de morir con Cristo tenemos al diablo de patrón, prometiéndonos vida sin poder darla.

La actitud de la persona que tiene miedo a la muerte es la siguiente: vive tu vida, aprovecha el tiempo y no te prives de nada, como dice San Pablo, comamos y bebamos que mañana moriremos, da rienda suelta a tu debilidad, si te da placer o te hace feliz adelante, no te niegues, anda ve, no te reprimas, este negocio está mal, igualmente aprovecha la oportunidad, esta es la actitud de quien teme morir y se hace esclavo del diablo, por miedo a morir.

Por miedo a la muerte el diablo nos mantiene como esclavos, andamos buscando asegurar la vida, el problema es que esa vida no es vida, es una imitación de vida, NADA EN ESTA VIDA NOS PUEDE DAR LA VIDA QUE TANTO BUSCAMOS, SOLAMENTE CRISTO, QUIEN ES LA VIDA, QUE, AUNQUE PROBÓ LA MUERTE POR SOLIDARIDAD A NOSOTROS TERMINÓ VENCIENDOLA Y ABRIÉNDONOS LAS PUERTAS DEL CIELO.

Por eso, cualquier gesto de vencernos a nosotros mismos, aunque no terminemos de vencer por completo al pecado, pero estar en la lucha, y por esa experiencia de lucha que uno está viviendo de esclavitud, pecado y miedo a la muerte, uno se convierte en misericordioso con respecto a los demás hermanos que vienen más lento que uno en el camino al cielo.

Que esta solidaridad de Cristo con nuestra muerte nos anime a ponerle nombre a nuestra miseria y acto seguido abandonarnos en la victoria de Cristo sabiendo que, aunque esté muy hundido en mi pecado, sino lo justifico y doy la lucha, Cristo con su luz y su amor puede hacerme libre del miedo a la muerte al llenarme de esperanza, para que pueda morir con Él y en Él, para de esta forma participar en su resurrección.

Esta pequeña introducción con respecto a lo que yo creía sobre la muerte, el miedo y nuestra realidad, es con el objetivo de preguntarme sinceramente qué efecto tiene la resurrección de Jesús en mi forma concreta de vivir y cuáles son los fundamentos que tengo para esperar la vida eterna y tener la absoluta certeza de que Jesús venció a la muerte y está vivo.

Como se podrán imaginar, a los doce o trece años ya me percaté que los médicos al igual que las personas mueren. Pero a los diez y siete años tuve un encuentro personal con Jesús, experimenté su amor y a partir de ese acontecimiento profundicé en la persona de Jesús y en la enseñanza de la Iglesia para dar ese sustento que necesitamos las personas cuando queremos compartir una buena noticia, como es el Evangelio que salva y cambia la vida para siempre.

Lo primero que sucede cuando uno tiene la experiencia con Dios es que quiere arrasar el mundo, siente que puede hacer lo que sea por el amor que tiene hacia Jesús, pero luego viene el tiempo, los problemas, las conversaciones y la propia conducta de uno mismo que se va alejando de la presencia de Dios, de su Palabra y de la vida Sacramental, experimentando la duda y el miedo que es propio de las personas que viven como si Dios no existiera, aunque realice actividades en la Iglesia.

Lo que resumí en el párrafo anterior es algo que experimente varias veces durante mi relación con Dios y lo que más me ha ayudado a volver a tener esos encuentros con Dios fue reflexionar sobre mi relación personal con Él, DIOS no es una idea o conjunto de preceptos morales que debemos cumplir los cristianos para ser “buenos”, Él nos llama a experimentar su amor en nosotros y vivir todos los aspectos de nuestras vidas amando con ese amor que nos regala en cada encuentro que tenemos con Él.

Para explicar lo que espero de Dios con respecto a la resurrección, la primera dificultad que experimenté fue la exigencia que se encuentra en 1ª carta de Pedro 3, 15 “…y estad siempre preparados para responder con mansedumbre y reverencia a cada uno que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros…”

Una serie de preguntas surge cuando hablas acerca de la resurrección, ya que es contrario a nuestra experiencia, todas las personas mueren, ¿Cómo es que existió una persona llamada Jesús que murió y al tercer día resucitó, y no solo eso, sino que prometió que todo aquel que en el crea no morirá?[3]

La primera cuestión que se plantea son las evidencias que pueden confirmar de la resurrección de Jesús, lo primero que hay que tener en cuenta para adentrarse en este misterio es que nuestra capacidad científica y racional es muy limitada para pretender con orgullo o soberbia investigar a fondo. Solo se puede, con humildad y sinceridad, acercarse a este acontecimiento de la resurrección como lo que es, la piedra angular que fundamenta toda la vida de fe del creyente, dado que, como dice San Pablo, si Cristo no resucitó vana es nuestra fe (1 Corintios 15, 14).[4]

Esta actitud de no venir con el telescopio y la pretensión de probar algo con las propias fuerzas y capacidades va de la mano con la advertencia del Señor en el libro de Santiago 4, 6 “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Con la actitud correcta se pueden encontrar las pruebas o indicios que nuestra razón exige de nosotros para afrontar uno de los misterios más grandes y complicados que puede existir.

Como diría el gran San Anselmo de Canterburycreo para entender y entiendo para creer”.

La primera pregunta que necesita ser respondida es ¿Por qué tan pocos testigos de la resurrección?

En realidad, de la resurrección, de cómo se dio la resurrección no existe ningún testigo, solo existen personas que le vieron morir a Jesús y después le vieron resucitado.

A este primer planteamiento corresponde contestar con una respuesta que tiene mucha coherencia con la manera en que Jesús siempre actuó, con humildad y sencillez, el mismo que permitió que lo crucifiquen desnudo, vivió treinta y tres años pobre, nació en un pesebre y eligió a María como madre, es el que resucitó, buscando con este hecho evitar los siguientes escenarios:

-La imposición de su presencia a todas las personas no produciría amor sino miedo.

-La imposición de su gloria a todas las personas no despertaría conversión sino cobardía.

Detrás de estos escenarios que Jesús evitó, revelándose solo a ciertos testigos elegidos de antemano, busco respetar la libertad de cada persona de tener fe o no en Él, no buscaba imponerse a través de la violencia o de la fuerza (Mt. 26, 53)[5], aplastando la posibilidad de elección de cada uno sino que a través de los testigos buscaba hacer una invitación, que hasta ahora la sigue haciendo.

La segunda pregunta que necesita ser respondida es ¿Por qué se aparece a mujeres?

En la época en que Jesús resucitó el testimonio de las mujeres no era creíble, a nuestro Dios le gusta hacer las cosas a su manera independientemente de la manera en que nosotros pensamos o evaluamos que sería mejor.[6]

Aquí solo hace falta citar que Jesús andaba siempre con mujeres, leprosos, prostitutas, enfermos, niños, pastores y hasta puso de ejemplo de fe a un romano (Mt. 8, 10)[7], él elegía siempre a los maltratados y marginados de la sociedad, es uno de los motivos por el cual eligió a las mujeres y especialmente a María Magdalena de la que había expulsado siete demonios (el número siete en la Biblia simboliza la plenitud, en este caso del mal)

Otro motivo por el cual eligió a las mujeres podría ser por Génesis capítulo 3, el relato de la caída, así como la mujer fue la primera en pecar, fue la primera que vio a Jesús resucitado y la primera que anuncia esta Buena Noticia, al igual que el Evangelio de Juan con la samaritana como primera evangelizadora. Con respecto a que la mujer fue la primera en pecar, corresponde aclarar que para engañar a la mujer fue necesario que un ángel caído con todo su poder e inteligencia para engañarla, mientras que para que el hombre caiga con la mujer ya fue suficiente, lo que aquí quiero expresar es que posiblemente si el hombre era engañado por la serpiente él no hubiera podido convencer a la mujer para que coma del fruto prohibido.

La mujer no solo fue primera en anunciar la Resurrección sino también en Europa gracias a Lidia, de Filipo, Hechos de los Apostales capítulo 16.

En América gracias a la intervención de la virgen de Guadalupe la evangelización tomó el rumbo que necesitaba.

En Paraguay, gracias a las mujeres que supieron guardar la lengua, la cultura y la fe, tenemos la posibilidad de hablar de Jesús hoy en día.

Y así podríamos traer a colación muchos ejemplos más en donde se nota que la elección de Jesús fue acertada, dado que, las mujeres aman con mayor intensidad y menos calculo eso quedó patente en el siguiente pasaje en donde las mujeres que volvían para ver a Jesús se preguntaban: “Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro” (Mc. 16,3)

Frente al misterio de la resurrección de Jesús caben dos posturas:

Una podría ser de negación, del misterio en nombre de la posibilidad de explicar el misterio, “no resucitó, sino que su enseñanza, su proyecto, continúa” esto es herejía - enseñanza que va en contra de la recta doctrina.

Es importante recalcar y enfatizar que la resurrección de Jesús no es un mito o un símbolo sino un hecho histórico y real que pasó y los apóstoles y las mujeres nos la relatan, hay que evitar tratar de domesticar el mensaje de la resurrección de Jesús.

La otra postura seria aceptar que este misterio me supera y buscar indicios o pruebas en las cuales mi razón pueda descansar, como lo explica Chesterton en el siguiente extracto de su biografía en donde relata la importancia del testimonio humano, que es la principal prueba de la resurrección de Jesús: 

 Doblegado ante la autoridad y la tradición de mis mayores por una ciega credulidad habitual en mí y aceptando supersticiosamente una historia que no puede verificar en su momento mediante experimento ni juicio personal, estoy firmemente convencido de que nací el 29 de mayo de 1874…mi nacimiento (como ya he dicho) es un incidente que acepto, como cualquier pobre campesino ignorante, sólo porque me ha sido transmitido verbalmente. Y antes de abordar cualquiera de mis experiencias personales, estará bien dedicar este breve capítulo a unos cuantos datos de mi familia y entorno, que me han llegado de forma igualmente precaria como simples testimonio de oídas. Por supuesto que lo que muchos llaman testimonios de oídas, o lo que yo llamo testimonio humano, podría cuestionarse en teoría, como en la controversia baconiana o en gran parte de la discusión teológica. La historia de mi nacimiento podría ser falsa. Podría ser el heredero, perdido durante tanto tiempo, del Sacro Imperio Romano o un niño abandonado por unos rufianes en Limehouse en el umbral de una casa en Kensington que en su madurez desarrolló una abominable herencia criminal. Algunos de los métodos escépticos aplicados al origen del mundo podrían aplicarse a mi origen, y un investigador serio y riguroso llegaría a conclusión de que no había nacido jamás. Pero prefiero pensar que el sentido común es algo que mis lectores y yo compartimos…”[8]

A muchos de los apóstoles les pasó lo que a mí me suele ocurrir cuando estoy triste o agobiado, no veo, ni reconozco a Jesús. En Lucas, capítulo 24, relata la realidad de los apóstoles que no esperaban la resurrección de Jesús y se encontraban tristes apesadumbrados y agobiados, no podían ver más que su tristeza, es lo que sucede cuando aparto la mirada del resucitado.

Por el contrario, cuando uno mira al resucitado y experimenta su compañía y guía, no existe tirano, malvado, enemigo, ni circunstancia en este mundo que te pueda hacer tener miedo, tienes una libertad absoluta, uno es invencible como los mártires.

¿Qué sería la resurrección de la carne? Es la unión verdadera con la Pascua de Cristo y la Eucaristía, el mismo Espíritu que obró en Él, obrará en nosotros, la victoria de Cristo es total, es la culminación de nuestro Bautismo, en palabras de Benedicto XVI “…para que vuestros hijos recién nacidos reciban el don de la gracia de Dios, la semilla de la vida eterna…”[9]

De acuerdo al Catecismo de la Iglesia, la Resurrección, en el numeral 646: La Resurrección de Cristo no fue un retorno a la vida terrena como en el caso de las resurrecciones que él había realizado antes de Pascua: la hija de Jairo, el joven de Naím, Lázaro. Estos hechos eran acontecimientos milagrosos, pero las personas afectadas por el milagro volvían a tener, por el poder de Jesús, una vida terrena "ordinaria". En cierto momento, volverán a morir. La Resurrección de Cristo es esencialmente diferente. En su cuerpo resucitado, pasa del estado de muerte a otra vida más allá del tiempo y del espacio. En la Resurrección, el cuerpo de Jesús se llena del poder del Espíritu Santo; participa de la vida divina en el estado de su gloria, tanto que san Pablo puede decir de Cristo que es "el hombre celestial" (cf. 1 Co 15, 35-50).

Todos estos hechos históricos y experiencias que envuelven el misterio de la Resurrección me hacen tener la certeza, como dice San Pablo con las 500 personas (1 Corintios 15) a quien se apareció Jesús durante cincuenta días, que efectivamente no encuentro ninguna razón para dudar de que mi Dios ha resucitado y está vivo.

Si Jesús está vivo y ha resucitado, todos los que elijan seguirlo y dejarse amar por Él podrán experimentar también la Vida Eterna de acuerdo a las propias palabras de aquel que es la Verdad y la Vida: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.” (Juan 14, 2). Esta es pues nuestra esperanza.  

 

Autor: Jesús Manuel Silveira Llanes - Católico. Esposo y padre. Catequista de Iniciación a la Vida Cristiana para Adultos. Diplomado en Pastoral Catequética y Doctrina Social de la Iglesia Católica. Abogado y Escribano.

  

BIBLIOGRAFIA

https://www.youtube.com/watch?v=iG79C8lu3OI

https://youtu.be/OAGfwjhAGos

https://www.youtube.com/watch?v=DKG30R53wwo

La Biblia.

El Catecismo de la Iglesia Católica.

 

 


[1] Miguel RUIZ, Urano, Barcelona 2002, p. 80.

[2] Eclesiastico 17, 1-2.

[3]Juan 11, 25, 26  “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

 [4] CIC N° 638 "Os anunciamos la Buena Nueva de que la Promesa hecha a los padres Dios la ha cumplido en nosotros, los hijos, al resucitar a Jesús (Hch 13, 32-33).

639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).

[5] ¿O piensas que no puedo rogar a mi Padre, y Él pondría a mi disposición ahora mismo más de doce legiones de ángeles?

[6] CIC N°641 María Magdalena y las santas mujeres, que iban a embalsamar el cuerpo de Jesús (cf. Mc 16,1; Lc 24, 1) enterrado a prisa en la tarde del Viernes Santo por la llegada del Sábado (cf. Jn 19, 31. 42) fueron las primeras en encontrar al Resucitado (cf. Mt 28, 9-10; Jn 20, 11-18). Así las mujeres fueron las primeras mensajeras de la Resurrección de Cristo para los propios Apóstoles (cf. Lc 24, 9-10). Jesús se apareció en seguida a ellos, primero a Pedro, después a los Doce (cf. 1 Co 15, 5). Pedro, llamado a confirmar en la fe a sus hermanos (cf. Lc 22, 31-32), ve por tanto al Resucitado antes que los demás y sobre su testimonio es sobre el que la comunidad exclama: "¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!" (Lc 24, 34).

 [7] Al oírlo Jesús, se maravilló y dijo a los que le seguían: En verdad os digo que en Israel no he hallado en nadie una fe  tan grande.

[8] G.K. CHESTERTON, AUTOBIOGRAFÍA, TRADUCCIÓN DEL INGLÉS Y NOTAS DE OLIVIA DE MIGUEL, BARCELONA, 2003, ACANTILADO QUADERNS CREMA S.A.U. 

[9] Disponible en el siguiente link: http://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/homilies/2012/documents/hf_ben-xvi_hom_20120108_battesimo.html

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