SECCIÓN FAMILIA - ENERO 2021

 UNA HERENCIA PERFECTA PARA LOS HIJOS

Ya pronto estaríamos cumpliendo mi esposo y yo 11 años de casados, y  estuvimos recordando  que hace tan solo unos pocos años atrás deseábamos tanto una casa, ya que vivíamos en casa de mi madre.  Es que eso es uno de los deseos y sueños que todo matrimonio anhela especialmente pensando en  los hijos. Tenemos la dicha de tener una hija de 9 años llamada Guadalupe y la mayor razón de los proyectos apuntan a su bienestar como todo padre y madre.

Emprendimos la búsqueda encomendándonos a María Santísima y a  San José, custodio de la familia de Nazaret - y de todas las familias -  para alcanzar ese sueño,  nos  encontramos con varios obstáculos  y dificultades en el camino. A veces veía la realización de ese sueño como algo muy lejano o casi imposible, cayendo a veces en la desilusión, pero igual seguimos caminando poniendo nuestra plena confianza en nuestro Dios providente. Finalmente, de una manera misteriosa, de la nada quizás llego lo que tanto habíamos anhelado, la casa propia. Ya hace  un año de este acontecimiento tan importante en nuestro matrimonio, en nuestra familia, que nos llenó de gozo ya que lo que alcanzamos es pensando en nuestra hija, y en los hijos que el Señor nos quiera regalar, en lo que podríamos dejar el día de mañana, como una herencia tal vez.

Dejamos este breve testimonio  que vivimos  sabiendo que también muchas familias han tenido historias parecidas o con más sacrificios. El  trabajo y el esfuerzo de nosotros, los padres, por el bienestar de los hijos sabemos que es bueno a los ojos de Dios, pero,  ¿eso es todo lo que podemos hacer por ellos? ¿lo que podemos heredarles?

Si bien no es malo el deseo de poseer bienes necesarios en esta vida temporal, debemos recordar - y recordar a los hijos - que somos peregrinos de ésta tierra, por lo tanto, son solo medios - nada más - para alcanzar la vida eterna, fin de todo bautizado. Por ello la herencia más perfecta que podemos dar a los hijos es la fe, la esperanza y la caridad, y encontrar su fuente de alimento en la Eucaristía.

Este año 2021, la Iglesia en Paraguay ha declarado “Año de la Eucaristía” con el lema: “Lo reconocieron al partir el pan” (Lc 24, 30 -31). ¡Que importante que todas las familias descubran en este año el valor de este Sacramento, fruto del amor y la bondad de Cristo! ¡Que importante que los hijos le den valor viendo a sus padres como modelos, siendo verdaderos padres eucarísticos!

¿Qué es la Eucaristía para las familias?

En la Eucaristía celebramos la entrega de Jesucristo para nuestra salvación y reconciliación, y su triunfo sobre la muerte y el pecado.

Nos dice el papa Francisco: “La celebración eucarística es más que un simple banquete: es precisamente el memorial de la Pascua de Jesús, el misterio central de la salvación. «Memorial» no significa sólo un recuerdo, un simple recuerdo, sino que quiere decir que cada vez que celebramos este sacramento participamos en el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. La Eucaristía constituye la cumbre de la acción de salvación de Dios: el Señor Jesús, haciéndose pan partido por nosotros, vuelca, en efecto, sobre nosotros toda su misericordia y su amor, de tal modo que renueva nuestro corazón, nuestra existencia y nuestro modo de relacionarnos con Él y con los hermanos”

Quisiera plasmar la enseñanza de un sabio Obispo del Perú: La Eucaristía no es sólo fuerza sino también inspiración para las familias en el que podemos reflexionar su carácter de sacrificio, presencia y comunión. Las familias debemos ver en el sacramento del Cuerpo y Sangre del Señor una escuela que nos enseña a vivir la entrega y el sacrificio, esa donación sin condiciones como lo ha hecho Cristo, morir a sí mismo para que los demás tengan vida.

Los padres debemos ver que la entrega del Hijo por parte de Dios fue un acto de amor  en el que también nosotros, como espejos de Dios, estamos llamados a vivir este amor de donación. Y los hijos al participar de la Eucaristía, hacen suya la actitud de Jesús, quien vivió su entrega  como un acto de obediencia. Los hijos, unidos a Jesús Eucaristía aprenden también el valor de la obediencia  a los padres.

Mediante este Sacramento, el Señor Jesús ha querido quedarse con nosotros, no de manera simbólica, sino de un modo pleno y real. Esto es una invitación a las familias para que ellas también se “queden”, permanezcan en el Señor para tener un encuentro pleno con Jesús Eucaristía.

El “permanecer” con Jesús en la Eucaristía  significa que nosotros los padres entendimos el valor del precepto de asistir a la celebración de la Misa los domingos y fiestas de guardar. En esto estamos llamados  a ser educadores y testigos para los hijos y  para otras familias en ésta práctica.

Cuando la familia vive esta realidad, se convierte en aquella “Iglesia doméstica” que debe ser como una meta que oriente los esfuerzos de cada familia particular.

En éstos tiempos ya no podemos ser aquellos que dicen, “haz lo que yo digo y no lo que hago”. Si de verdad queremos para nuestros hijos la mejor herencia, pues démosle aquello que perdura para siempre, así como dijo Jesús  en su palabra: "Háganse junto a Dios bolsas que no se rompen de viejas y reservas que no se acaban; allí no llega el ladrón, y no hay polilla que destroce” Lc 12, 33

Podemos dejarles una herencia material, pero, ¿de qué sirve si no han recibido la fe en la Eucaristía que es la herencia más perfecta en donde las almas encuentran descanso, salvación y razón de vivir?

Que nuestra madre María Santísima, verdadero Sagrario Eucarístico nos dé la fuerza, la sabiduría necesaria y su intercesión para que así como los discípulos de Emaús, reconozcamos a Jesús Resucitado al partir el pan.

Autores: Johana Leguizamón y Andrés Amarilla - Esposos y padres católicos. Catequistas en la Capilla Nuestra Señora de Betharram.

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