EDITORIAL - ENERO 2021

EL COMPROMISO QUE NO DEBE SER OLVIDADO

AÑO DE LA EUCARISTÍA EN PARAGUAY

Celebrar, adorar y contemplar el gran misterio de la Eucaristía es el compromiso que no debe ser olvidado, haciendo que la Santa Misa sea el centro de la vida cristiana. (CEP, carta pastoral para el Año de la Eucaristía)


Los obispos de Paraguay en su carta de presentación del Año de la Eucaristía nos invitan a celebrar, adorar y contemplar el gran misterio de la Eucaristía. Los pastores de Paraguay no quieren que la pandemia y las restricciones sociales nos hagan despreciar o caer en la pereza de vivir constantemente este compromiso divino que no debe ser olvidado.  El gran anhelo de la Iglesia es que la celebración eucarística, junto con la Adoración perpetua a Jesús Sacramentado, sea el sostén y el centro de atracción de los cristianos, especialmente en este tiempo de crisis sanitaria global. La preocupación de los obispos de Paraguay por el pueblo se manifiesta en su dual visión del HAMBRE y la SED, por la cual proponen la espiritualidad de la Eucaristía como un camino de salida.

Hambre y sed de un VIDA DIGNA:  que la Eucaristía, Pan Vivo bajado del cielo - que Dios nos da gratuitamente - nos impulse a dar nuestra vida también para que todos tengan pan, techo y ropa como es digno de los hijos de Dios.

Hambre y sed de INTEGRACIÓN: todos formamos un solo cuerpo, pero con diversas partes. La Eucaristía que celebramos juntos como hermanos debe motivar en nosotros el hambre y la sed de integración y colaboración entre los distintos apostolados, grupos, movimientos y comunidades de la Iglesia. Nuestra parroquia San Pablo está repleta de carismas, pero nos falta el mayor aprovechamiento de estos múltiples dones de Dios por falta de colaboración que nace del egoísmo, la soberbia y el individualismo.

Hambre y sed de FORMACIÓN: este año de la Eucaristía nos desafía a invertir más tiempo de calidad en la formación de los niños, jóvenes y adultos. La falta de interés en la participación efectiva en la Eucaristía deriva principalmente de la abismal deficiencia en la formación que padecen nuestra feligresía. 98 por ciento de los niños y jóvenes descontinúan su asistencia a la Iglesia después de la Primera Comunión y la Confirmación. La formación permanente que trae la Iniciación a la Vida Cristiana (IVC) es el camino a la tierra prometida.

Hambre y sed de PARTICIPACIÓN: como UN SOLO CUERPO, la espiritualidad del Año de la Eucaristía, será para nosotros una oportunidad de oro para mejorar la participación activa de todos los miembros, grupos, comunidades en las decisiones y preocupaciones pastorales de la Parroquia. En lugar de criticar desde lejos, el Año y el espíritu de la Eucaristía invita a acercarse y participar.

Hambre y sed de REUNIÓN: la Eucaristía, como el culmen de nuestra vida cristiana se vive plenamente como ENCUENTRO. Con el optimismo de que la situación sanitaria de covid-19 irá mejorará en los próximos meses, los obispos del Paraguay nos incitan a soñar con encuentros eucarísticos (Congresos Eucarísticos) en este año, a nivel parroquial, diocesano y nacional. A nivel nacional proponen el 17 de octubre del año en curso en Caacupé. Como parroquia estaremos coordinando y planificando en esta línea.

Hambre y sed de PRESENCIA: y por último, la Iglesia en Paraguay quiere que este Año de la Eucaristía aumente las presencias en la celebración y Adoración eucarística. Una presencia que nos lleve a sentir y tocar la presencia real de Jesús en la Eucaristía y a la vez nos lleva a salir juntos a los demás para compartir el amor y la sanación que hemos recibido de Jesús en la Eucaristía. 

Padre Christian Egemonye, CSSp
Cura párroco

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