SECCIÓN FAMILIA - FEBRERO 2021
Con mi familia, hacia el camino cuaresmal
Cuántas veces hemos
experimentado el deseo de dar a conocer
algo que fue para nosotros una novedad, una alegría, como la culminación de una
carrera universitaria, un nuevo trabajo, un embarazo, un ascenso, etc. Nuestro
corazón siente mucho gozo luego de haber compartido esa buena noticia con los
demás.
De la misma manera, si hemos conocido a Cristo, su amor y misericordia, si hemos experimentado su perdón, también queremos que los nuestros experimenten lo mismo y juntos algún día poder compartir la promesa del banquete eterno.
¿Quién no ha tenido en
la familia alguien que aún no ha vivido el amor de Dios en su vida, su plan de
salvación, sus designios, etc.? o al revés, ¿Quién no ha tenido entre los
integrantes alguien que siempre esta recordándonos a cada momento que debemos
volver a Dios?
Como olvidar que en
nuestra niñez - adolescencia nuestros padres nos insistían para ir a misa, o al
catecismo y nosotros con mucha pereza acudíamos sin saber, o también se presentan
casos como aquellos jóvenes que han tenido la gracia de aprender más de Jesús y
de María y lo quieren compartir con sus padres, y de éstos solo reciben
indiferencia e incluso burlas. Y como no mencionar al hermano, hermana, mamá,
papá, tío, tía o primos que han manifestado profesar otra creencia y que se han
alejado de la Iglesia Católica o aquellos que simplemente han decidido no creer,
declarándose ateos.
Todas éstas situaciones
causan dolor en aquellos que viven ésta realidad, y desean que la familia camine
por el mismo sendero que lleva a la verdadera felicidad. «Cree en el Señor Jesucristo, y se salvarán tú y
tu familia» (Hch 16,31), el Señor ha hecho una promesa y debemos
ser fieles a eso, confiando que eso es posible en la medida que también se da
nuestra conversión a Él. Sí, así mismo, si buscamos la conversión de nuestra
familia, primero debemos convertirnos nosotros mismos para ser como puentes que
acercan a Dios.
Estamos entrando nuevamente en un periodo cuaresmal, en el
que estamos invitados a la conversión, al cambio de vida, a renacer de nuevo en
Cristo Resucitado. Vemos a menudo familias inmersas en crisis existenciales
donde ponen más esfuerzo en la comodidad, en la diversión, en el bienestar como
felicidad única, huyen con miedo de las situaciones de sacrificio e
incomodidad. “Entonces Jacob dijo a su
familia y a todos los que estaban con él: Desháganse de los dioses ajenos que
hay entre ustedes; purifíquense y cámbiense de ropa” (Ge 35,2). ¿Cuáles son
aquellos dioses que han ocupado lugar en la familia? ¿quizás el dinero, el
poder, la vanidad, el placer, etc.?, así también en el pasaje bíblico habla de
“cambiarse de ropa”, ¿a qué ropa se refiere? … pues al vestido de tu alma. Una
realidad que muchos no han comprendido es que debemos alimentar nuestra alma,
que es parte esencial del ser humano, así como lo hacemos con el cuerpo.
Nos gustaría mencionar algunos consejos básicos para vivir
ésta Cuaresma.
1. Cuaresma en familia: es el
deseo del corazón que esto se cumpla pero es necesario saber que Dios tiene un
tiempo para cada uno, quizás entre los miembros haya alguien a quien le cuesta
aún dimensionar el valor de éstas prácticas, por lo tanto, nuestra invitación
lo debemos hacer con mucho amor y paciencia sin imponerlo rígidamente.
2. Ayuno, oración y limosna: “El ayuno, la oración y la limosna, tal como
los presenta Jesús en su predicación (cf. Mt 6,1-18), son las condiciones y la expresión
de nuestra conversión” (Papa Francisco, Mensaje para la cuaresma 2021). Así
como un atleta se ejercita costándole mucho, también en eso consisten éstas
prácticas, de un ejercicio espiritual que expresa deseo de volver a Cristo. Por
otro lado, el ayuno va más allá de limitarnos o prohibirnos solo de comida, también
se trata de ayunar de lo que la lengua puede ocasionar con palabras hirientes a nuestros seres
queridos o a cualquier otra persona de nuestro entorno. Como dice el papa
Francisco: “decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que
consuelan, que estimulan” en lugar de palabras que humillan, que entristecen,
que irritan, que desprecian” (Carta Encíclica. Fratelli Tutti 223). La oración
debe ocupar un espacio importante en nuestras actividades diarias, leer el Evangelio
del día con los hijos, ayudará a fortalecer esa relación intima con Dios y con
los miembros de nuestra familia, también la Santa Misa es considerada la
oración comunitaria por excelencia, acudamos a ella con fe.
3. Caridad al prójimo:
ayudemos en familia a las personas que poseen carencias materiales como
espirituales, los adultos seamos ejemplo para los niños y jóvenes al realizar
actos de caridad especialmente en este tiempo de crisis, por la pandemia, en
que las necesidades son muy notorias.
4. María: quien otro ser como ella que
puede comprender hasta el mínimo detalle el deseo de caminar en éste sendero
que nos lleva a la resurrección en Cristo, busquemos su compañía, su amor y
ternura en éstos días a través del rezo del Rosario.
El camino no es fácil quizás,
pero recordemos que la Gracia es la que nos sostiene; por nuestras propias
fuerzas no podremos y como decía San Miguel Garicoits “Haga lo que pueda hacer, lo
mejor que sepa hacerlo, y luego espere todo de Dios”
Autores: Johana Leguizamón y Andrés Amarilla - Esposos y padres católicos. Catequistas en la Capilla Nuestra Señora de Betharram. Catequistas de Iniciación a la Vida Cristiana para Adultos.


Que lindo artículo! Ojala realmente podamos valorar en familia este tiempo de Gracia! Más aún en estos tiempos difíciles de pandemia en que la vida juntos-en familia- se vuelve un don preciado. El Señor nos de su Santo Espíritu y tenga misericordia de nosotros.
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