SECCIÓN FORMACIÓN - FEBRERO 2021

 La Cuaresma

Para empezar a hablar de la Cuaresma, lo primero que tendría que comentar es su origen[1] en los pasajes del Evangelio, en donde se relatan los cuarenta días que paso Jesús en el desierto guiado por el Espíritu Santo como preparación para la misión que Dios le encomendó.

Del mismo modo, se podría citar otros pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento, mencionando el pasaje en donde el Pueblo de Dios es guiado por Él en el desierto por cuarenta años[2] ; como prefigura de la preparación y purificación necesaria para entrar en la tierra prometida y pasar de la esclavitud a la libertad de los hijos de Dios.

De la misma forma se encuentra otros varios pasajes de la escritura, el número cuarenta está relacionado como el tiempo necesario como proceso de preparación o purificación para algo, según se puede confirmar de los siguientes pasajes:   

Cuando Dios envió el diluvio, «cuarenta días y cuarenta noches estuvo lloviendo sobre la tierra» ( Génesis 7,12)

Isaac tenía 40 años cuando se casó con Rebeca» (Génesis 25,20). También Esaú cuando contrajo matrimonio con Judit (Gén 26, 34)

De Moisés reza la Biblia que vivió 120 años (Dt 34,7), una vida que San Esteban dividió en tres etapas (Hch 7, 20-40): 40 años en Egipto, otros 40 como pastor en la tierra de Madián y 40 años de travesía por el desierto.

Los 12 espías de Israel exploraron la tierra de Canaán durante 40 días (Num 13, 25)

Los que cometían un exceso y eran castigados no debían recibir «en ningún caso» más de cuarenta azotes «para evitar que aquel compatriota sufra un castigo demasiado duro y se sienta humillado», según el Antiguo Testamento. ( Dt 25,3)

Goliat desafió a los israelitas por espacio de 40 días ( 1 Sam 17,16) hasta que fue vencido por David

David reinó 40 años (1Re 2,11), el mismo tiempo que su antecesor Saúl (Hch. 13, 21) y que su hijo Salomón (1Rey 11, 42)

El profeta Elías pasó 40 días en ayunas en el desierto hasta encontrarse con Dios en el monte Horeb (1Re 19,8)

Jonás anunció que Nínive sería destruida a los 40 días (Jon 3,4)

Jesús fue presentado en el Templo a los 40 días de su nacimiento (Lc. 2, 22) tal como mandaba la Ley (Lv 12)

Tras la crucifixión, es el tiempo en el que Jesús se apareció a sus discípulos y fue precisamente 40 días Hch 1,3) antes de la Transfiguración[3].

Estudiar el número cuarenta solo como un número importante de la Biblia sería un análisis muy superficial acerca de lo que Dios quiere enseñarnos con estos relatos Bíblicos, aquí conviene explicar el objetivo que tengo al escribir un modesto artículo que no es otro que lo señalado en 2 Timoteo 3, 16 que expresa lo siguiente: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”, Colosense 3, 16 “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.” Y por último Hebreos 4, 12 “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”

Estos tres pasajes resumen la intensión al realizar esta labor, no porque este capacitado o tenga alguna habilidad para hacerlo, sino por necesidad[4] y porque confió en Dios y sé que es ÉL que realiza la obra[5], en ese sentido, se puede entender que lo importante en el número cuarenta es el proceso, el medio que es utilizado por Dios para preparar y purificar a las personas para la misión que les quiere encomendar.

Cada año es la propuesta de la Iglesia para prepararnos y ayudarnos a crecer como es nuestra Madre[6] a través de la Liturgia que es la celebración del Misterio Cristiano teniendo como centro a la Eucaristía, profundiza la vivencia de nuestra fe, esperanza y caridad, a través de una invitación puntual, orar más, leer y meditar más la Sagradas Escrituras, acercarse a los Sacramentos, Confesión, Eucaristía y lo que es más característico de este tiempo el ayuno, la abstinencia y la limosna.

De lo mencionado en el párrafo anterior, surge una pregunta ¿todos los cristianos estamos llamados a realizar estas obras?, la respuesta corta es que sí, pues es imposible tener una vida cristiana sin realizar todo lo mencionado hasta ahora.

La oración, el ayuno y la limosna seria como las tres patas de un trípode, si le sacamos uno ya no funciona por más grande y fuerte que sean las demás patas, se necesitan las tres patas, de allí la importancia de cada una de estos consejos con la actitud para que podamos avanzar en el camino hacia la santidad, cada uno de estos consejos tienen que ver con nuestras relaciones.

Referente a nuestra relación con Dios podemos mencionar a la oración con la actitud correcta de la escucha a Dios.

Referente a nuestra relación con nosotros mismos al ayuno, con una actitud de morir a nuestro egoísmo para vivir en la libertad del amor.

Referente a nuestra relación con los demás se puede mencionar a la limosna con la actitud de tener compasión por los demás y sufrir con nuestros hermanos que sufren alguna necesidad.

En este punto, quisiera profundizar sobre la actitud que una persona debe tener cuando realiza ayuno, abstinencia, limosna o se acerca para celebrar los Sacramentos.

La invitación de la Iglesia no es a realizar “actividades espirituales” como si la Cuaresma sea una especie de pre temporada o gimnasia espiritual para estar en forma, porque de esta manera estas actividades podrían convertirse en un fin en sí mismas, la invitación y enseñanza de nuestra Madre la Iglesia siempre ha sido que estos actos de amor (oración, ayuno, abstinencia, limosna y celebración de los sacramentos) son medios para un fin que es la conversión que no es otra cosa que amar a Dios con todo lo que somos y todas nuestras fuerzas y amar a nuestro prójimo como Jesús nos ama a cada uno de nosotros, que no es otra cosa que buscar y hacer la voluntad de Dios viviendo felices que sería lo mismo que decir vivir como santos viéndole a Dios en todo lo que hacemos y en todos los hermanos.

Entonces para recapitular la Cuaresma no es solo un conjunto de actividades para crecer espiritualmente sino para amar más, allí el ayuno y la abstinencia no es solo privarte de comer porque eso podría ser una dieta estricta para bajar de peso o por prescripción médica, el ayuno tiene por objetivo morir a uno mismo y poder afirmar como San Pablo en Gálatas 2,2  “…y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. Entonces el ayuno no es solo un acto de sacrificio sino principalmente un acto de amor en donde me privo de algo porque tengo sed de Dios, de acercarme a Él, de experimentar su presencia, lo que me lleva al segundo paso “ver a mi hermano” y eso que yo me privo por amor, compartirlo con alegría con alguien que hace ayuno porque no tiene otra elección.

De la última, parte del párrafo anterior surge la correcta actitud cuando uno realiza una limosna y la oración que es dar aquello que yo necesito, que me cuesta[7] porque lo realizo por amor no por obligación, por miedo, o por apariencia, sino porque soy consciente de mi libertad (responsabilidad) y del amor que Dios me tiene, estos consejos no tiene por fin calmar mi conciencia solamente sino que cambie mi manera de vivir cambiando mi manera de pensar buscando en la práctica de estos consejos el encuentro con Dios que es la fuente de felicidad- Santidad del cristiano la visión beatifica, como dice Mateo 5, felices los de corazón limpio porque verán a Dios.

De esta actitud correcta del corazón para vivir la Cuaresma surge una experiencia profunda, de que la Cuaresma no es solo prácticas, sino también oportunidades de encontrarme con mi Padre amado, con Jesús mi hermano y amigo y sobre todo con mi prójimo que siempre puede recibir de mi parte más amor, más tiempo, más atención.

Este proceso descrito de una manera muy resumida es lo que se conoce como la conversión: dejar de vivir para mí y vivir para Dios y mis hermanos Mt. 10, 39 “…El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará…” los cristianos vivimos para prepararnos para el día de nuestra muerte que será más profundo e intenso con Dios como lo dice San Pablo 2 Corintios 2, 58 “pero cobramos ánimo y preferimos más bien estar ausentes del cuerpo y habitar con el Señor.” Esa es nuestra esperanza estar algún día con Dios con todo lo que ello implica y los consejos para vivir la Cuaresma son los necesarios para purificar el corazón y ayudarnos con la conversión para que ese día podamos estar delante de Dios sin nada de qué avergonzarnos 2 de Timoteo 2, 15 “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad.”

La Cuaresma como caminar, proceso y un medio para un fin tiene su origen en el Catecumenado[8] que es y era al principio del cristianismo la manera en que los que simpatizaban con Jesús se conviertan en hijos de Dios y miembros de la Iglesia por el Bautismo y a través de los demás sacramentos de la iniciación a la vida cristiana iniciarse en la misma, en donde los candidatos eran acompañados a través de un proceso y pasaban por escrutinios que eran los exámenes en donde se trataba de verificar si la vida del catecúmeno se adecua a las enseñanzas de la fe, es un poco lo contrario de lo que se verifica en nuestros tiempos en donde se trata de que los Bautizados se conviertan, en aquella época si no se convertían (en otras palabras adecuaban sus vidas a las consejos y enseñanzas del Evangelio y sus exigencias) no recibían los Sacramentos de Iniciación.

En este contexto (por cierto, muy abreviado la exposición acerca de lo que es el catecumenado y la Iniciación a la vida cristiana) es que nació la Cuaresma como una forma de ayudar y acompañar a los primeros catecúmenos en la última etapa de su proceso de iniciación cristiana, siendo la Cuaresma como el paso de la “purificación e iluminación” dentro del proceso de preparación próxima a los sacramentos.   

De esta manera, se puede apreciar como la Cuaresma siempre fue más que un conjunto de prácticas sino una preparación un medio para algo: la celebración de los sacramentos de iniciación a la vida cristiana para los catecúmenos y la renovación de las promesas bautismales para todos los demás miembros de la Iglesia en la liturgia bautismal que es propia de la celebración de la Pascua.

De lo mencionado en el párrafo anterior se desprende que los sacrificios y privaciones propias de este tiempo de Cuaresma y de pandemia nos tiene que llevar a mirar con fe y esperanza la proximidad de la pascua como bien nos propone el arzobispo: “Al inicio de la Cuaresma, que nos prepara con la penitencia y la oración, miremos nuestro futuro con ojos pascuales, es decir, capaces de asumir la cruz de cada día, pero con la mirada fija en el Señor Jesús, el Resucitado y el que da sentido a nuestra vida plena. No nos desanimemos ante las dificultades. Busquemos siempre el camino del bien, de la verdad, del amor, que construyen eficazmente nuestras familias y nuestra sociedad. [9]

Sobre el ayuno, la oración y la limosna creo pertinente mencionar lo señalado por el Papa Francisco a través de nuestro pastor: “A continuación, da mayor explicación sobre el ayuno. El Papa dice: “El ayuno vivido como experiencia de privación, para quienes lo viven con sencillez de corazón lleva a descubrir de nuevo el don de Dios y a comprender nuestra realidad de criaturas que, a su imagen y semejanza, encuentran en Él su cumplimiento. Haciendo la experiencia de una pobreza aceptada, quien ayuna se hace pobre con los pobres y “acumula” la riqueza del amor recibido y compartido. Así entendido y puesto en práctica, el ayuno contribuye a amar a Dios y al prójimo en cuanto, como nos enseña santo Tomás de Aquino, el amor es un movimiento que centra la atención en el otro considerándolo como uno consigo mismo (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 93)”.

Y en relación a la oración y el silencio así se expresa el Papa: “En el recogimiento y el silencio de la oración, se nos da la esperanza como inspiración y luz interior, que ilumina los desafíos y las decisiones de nuestra misión: por esto es fundamental recogerse en oración (cf. Mt 6,6) y encontrar, en la intimidad, al Padre de la ternura”.

Finalmente, en relación a la palabra “limosna” el Papa se expresa en estos términos: “La caridad se alegra de ver que el otro crece. Por este motivo, sufre cuando el otro está angustiado: solo, enfermo, sin hogar, despreciado, en situación de necesidad… La caridad es el impulso del corazón que nos hace salir de nosotros mismos y que suscita el vínculo de la cooperación y de la comunión”.

Y sigue ahondando el significado de la caridad en estos tiempos de pandemia: “Vivir una Cuaresma de caridad quiere decir cuidar a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, abandono o angustia a causa de la pandemia de COVID-19. En un contexto tan incierto sobre el futuro, recordemos la palabra que Dios dirige a su Siervo: «No temas, que te he redimido» (Is 43,1), ofrezcamos con nuestra caridad una palabra de confianza, para que el otro sienta que Dios lo ama como a un hijo.[10]

Por último, para terminar esta breve reflexión sobre la Cuaresma como tiempo de preparación y como medio para experimentar la conversión, traigo a colación el llamado de nuestro pastor referente a la vivencia de nuestra fe que falta ser testimoniada con mayor valentía y amor en todos los ámbitos de la vida cotidiana especialmente en el trabajo, estudio y en la familia “Les invito a ser portadores de una conversión que nos lleve a una vida mejor. Sentimos el peso de la corrupción en todos los niveles de la sociedad, comenzando por la necesidad de cada uno de volver a Dios dejando el pecado. El saneamiento moral de la nación comienza por cada uno, dentro de cada familia y es animada por la comunidad parroquial, en la frecuencia de los Sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. En este año dedicado a la Eucaristía, este encuentro con el Cuerpo de Cristo, deberá ser nuestra fortaleza para vivir la coherencia entre vida y fe, entre lo que creemos, profesamos y entre nuestro modo de comportarnos con los demás y con Dios.

Junto con esta conversión espiritual personal, familiar, social les invito a la solidaridad con la “Campaña de Cuaresma”. Esta vez tiene este slogan: “Unidos en la fe y en la alegría de ayudar”. Esta campaña inicia este día, miércoles de ceniza y concluirá el 31 de marzo.

La colecta pública se desarrollará los días 26 y 27 de marzo. Pido a los Párrocos y Movimientos juveniles y laicales, de reunir voluntarios, generosos y que, desde la fe, ofrezcan su tiempo para esta Colecta.

Los programas de asistencia y de desarrollo de nuestra Pastoral Social, pastoral de la caridad, se sustentan con estos fondos recogidos. Además, se comparte el 50% de lo recogido con la Pastoral Social de la CEP. Ante tantas necesidades nuestro Pueblo ha sabido ser siempre solidario y generoso. Pero nos toca a nosotros los Pastores, motivar y animar para que desde la fe en Cristo Jesús podamos ayudar a enfermos, excluidos y pobres, como ya es una actividad reconocida y valorizada por la misma ciudadanía.[11]

La oración el ayuno y la abstinencia deben prepararnos para nuestro encuentro con una persona, la más importante de todas las que hemos conocido “Dios mismo” no es solo una tradición o un mandato que debe ser cumplido, sino una experiencia de buscar la voluntad de Dios en nuestras vidas para poder vivir conforme al anhelo de Dios con respecto a nosotros que no es otra cosa que nuestra felicidad plena, siendo totalmente libres de los vicios y esclavitudes de nuestra vida anterior preparados para amar y dejarnos amar por Dios.   



[1] (Mr. 1.12-13; Lc. 4.1-13, Mt. 4, 1-11)

 

[2] Números 14, 31-38.

[3] Disponible en el siguiente enlace: https://www.abc.es/sociedad/abci-significa-numero-40-biblia-201602122230_noticia.html?ref=https:%2F%2Fwww.google.com%2F

[4]  1 Corintios 9, 6 Porque si predico el evangelio, no tengo nada de qué gloriarme, pues estoy bajo el deber de hacerlo; pues ¡ay de mí si no predico el evangelio!

[5]Filipenses 1, 6: estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús.

[6]CARTA ENCÍCLICA MATER ET MAGISTRA N°1, “Madre y Maestra de pueblos, la Iglesia católica fue fundada como tal por Jesucristo…”

[7] 2, Samuel 2, 24 : Pero el rey dijo a Arauna: No, sino que ciertamente por precio te lo compraré, pues no ofreceré al Señor mi Dios holocausto que no me cueste nada. Y David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata.

[8] La alegría de iniciar discípulos misioneros en el cambio de época, Documentos del CELAM N°195, Asunción Paraguay, pp. 27, “El catecumenado, como proceso de verdadera iniciación cristiana, es considerado una de las mayores instituciones de la Iglesia de todos los tiempos.”

[9] http://arzobispado.org.py/mensaje-del-arzobispo-para-Cuaresma-2021/

[10] http://arzobispado.org.py/mensaje-del-arzobispo-para-Cuaresma-2021

[11]  http://arzobispado.org.py/mensaje-del-arzobispo-para-Cuaresma-2021


Autor: Jesús Manuel Silveira Llanes - Católico. Esposo y padre. Catequista de Iniciación a la Vida Cristiana para Adultos. Diplomado en Pastoral Catequética y Doctrina Social de la Iglesia Católica. Abogado y Escribano.

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