FAMILIA - JUNIO 2021

Te basta mi Gracia

La solemnidad de los apóstoles Pedro y Pablo ha hecho que recuerde las enseñanzas de nuestro Señor en las palabras de San Pablo que por experiencia propia ha sido en nuestras vidas motivo de perseverancia a pesar de los obstáculos de los enemigos del alma:

"Y precisamente para que no me pusiera orgulloso después de tan extraordinarias revelaciones, me fue clavado en la carne un aguijón, verdadero delegado de Satanás, cuyas bofetadas me guardan de todo orgullo. Tres veces rogué al Señor que lo alejara de mí, pero me dijo: «Te basta mi gracia; mi mayor fuerza se manifiesta en la debilidad». Mejor, pues, me preciaré de mis debilidades, para que me cubra la fuerza de Cristo. Por eso acepto con gusto lo que me toca sufrir por Cristo: enfermedades, humillaciones, necesidades, persecuciones y angustias. Pues si me siento débil, entonces es cuando soy fuerte."2º Carta a los Corintios, 12, 7 - 10

San Pablo nos presenta a un Dios que sabe de nuestras caídas, sabe de nuestras angustias, las conoce perfectamente y  las permite quizás para nuestra santificación. Ya todo está consumado, Dios nos ha revelado su amor en su hijo Jesús, quien se encarno y vivió entre nosotros dándonos muchas enseñanzas que son  como armas para el combate espiritual. Ya su gracia nos basta en éste peregrinar.

Sucede también en el seno familiar situaciones como las que nos cuenta San Pablo: la enfermedad de un ser querido o a nosotros mismos, que nos provoca cierta impotencia trayendo consigo alguna tristeza en el corazón. Los problemas económicos, las deudas, etc.  viendo a veces que a duras penas se alcanza para comer en el día. Los problemas de relacionamiento y diferencia entre esposos, hermanos, hijos y padres, que no ayudan a que se dé un ambiente familiar armónico, entre otros hechos que causan dolor haciendo que, como el apóstol, nuestros ojos miren al cielo clamando a que esos aguijones dejen de clavar nuestra carne ya muy herida.

Sin embargo, es ahí, en la manifestación de una carne débil donde Cristo quiere actuar y derramar su gracia en nosotros y así sentir su presencia envolviéndonos.

Para el mundo la debilidad es signo de derrota, de fracaso, sin embargo, Jesús nos enseña en éste pasaje bíblico que mi debilidad reconocida como tal por mi condición humana, por mis limitaciones se convierte en fortaleza para levantarse poniendo los ojos hacia una esperanza cierta y verdadera.

¡Ánimo Familia!  Sepamos abrirnos a la gracia, en ella vemos inmerso a los mismos sacramentos, como fuente de gracias, como motores para disponer la vida de Dios en uno. ¡Y como no recurrir en nuestras flaquezas a la “llena de gracia” María! ¡Creatura maravillosa del Dios Altísimo que nos fue dada para ser nuestra abogada e intercesora constante!

Que San Pablo apóstol, verdadero testigo de un amor inmenso e infinito como la de Cristo como premio a las tribulaciones vividas, sea intercesor constante para tu familia, la mía y del mundo entero.

 

 Autores: Johana Leguizamón y Andrés Amarilla - Esposos y padres católicos. Catequistas en la Capilla Nuestra Señora de Betharram. Catequistas de Iniciación a la Vida Cristiana para Adultos.

 

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