SECCIÓN JUVENTUD - DICIEMBRE 2020

¡Oye! ¡No todo está perdido!

Recuerdo, como si fuera ayer, cuando con tanta emoción empezamos a reunirnos tanto en la parroquia como en la casa de Pame (una de las coordinadoras de la PJ de San Pablo), a fin de poder organizar las actividades previstas en el cronograma. Entre risas, anécdotas y por supuesto el jurukutu (que no puede faltar en cada reunión) fuimos preparando lo que sería este año 2020, con las actividades ya conocidas: el Campamento Juventud de Cristo que ya estaba en camino, Pascua Joven, Semana de la Juventud, Charlas sobre la vida y muchas otras actividades.

Además, tuve un desafío personal, ser parte del equipo de  redacción del Itinerario Pascual 2020, por lo cual tenía muchas ideas para implementar en la Pascua Joven; inclusive, empezamos a desarrollar los temas de Cuaresma, donde una vez a la semana nos encontrábamos en el salón parroquial a fin de poder desarrollarlo, complementábamos todos los días con unos desafíos del Cuaresmario, que por cierto, me encantó esa iniciativa de la Pastoral de Juventud Arquidiócesana. 

Sin embargo, el 11 de marzo de 2020 la Organización Mundial de la Salud declaró al Coronavirus Covid 19 como una Pandemia. Esto significó el inicio de un cambio en nuestras vidas, ya que tuvimos que aprender a utilizar las aplicaciones, tener buenos planes de internet. Fue muy desafiante hacer la primera actividad virtual: Pascua Joven. Ya que, fue un cambio rotundo para nosotros.

De mi parte, tuve que pedir ayuda a mi hermana Esperanza para que sea como mi productora: atajar la notebook, ayudarme en las oraciones, entre otras cosas. Referente a esto voy a comentar una anécdota. Un día despierto y veo en la sala un pedestal de luz, mini pedestal para celular, auriculares, una tablet y otras cosas para la producción. Esperanza empezó a armar nuestro propio estudio ya que no quería seguir atajando todas las cosas (me da risa esta parte porque en verdad la sala estaba llena de cajas).

Empezamos a reunirnos de forma virtual cuando fue pasando el tiempo, a compartir cumpleaños, a conectarnos más a las redes sociales, ya que se inició la coronilla de la Divina Misericordia y la Santa Misa, a participar de charlas por Zoom (al comienzo era todo un desafío ya que no entendíamos bien la aplicación por lo cual teníamos que hacer pruebas un día antes de las charlas para ver si tenía alguna falla o ver quien estaría hablando), y aprendiendo a vivir en estos meses viéndonos de forma virtual, en una pantalla pequeña.

Esta pandemia ha robado muchos proyectos que teníamos, alegrías y también esperanzas. Ya no se diferenciaba los días, empezamos a tener conocidos que perdian a sus seres queridos sin poder despedirse de ellos. Me dolió mucho leer posteos de estas situaciones en las redes sociales, sentí al igual que ellos impotencia por no poder estar al lado y darles un abrazo. Muchos perdieron sus trabajos y, sin embargo, deben de pagar cada mes las facturas, muchas personas hospitalizadas y con temor de morir solos.

Cuando fue pasando el tiempo en lo personal fue muy desafiante, ya que estaba acostumbrada a salir con frecuencia, ir a reuniones, llevaba una vida muy activa, sin embargo, esto hizo que pase por algunos momentos difíciles, en algunas ocasiones estaba muy estresada y en  otras en depresión, ya que no podía hacer mi confesión mensual, participar de la misa, encontrarme con mis amigos en la parroquia o en otro lugar, la facultad la terminé por Classroom. No pude estar con las personas que quiero mucho en sus cumpleaños, si salía era bajo estricto protocolo para evitar el contagio a las personas con quienes vivo. También se me paso varias veces en la mente las personas que ya estaban viviendo en la pobreza y con esto se les dificultaba más aún.

Pero no todo es tristeza o cosas malas en esta pandemia para mí, ya que mediante esto pude quedarme más a mi casa (cosa que mi mamá agradeció), compartir con mi familia (esta parte hago nuevamente un paréntesis ya que en dos ocasiones casi hubo un divorcio familiar, me causa risa en estos momentos pero lo superamos), leer algunos libros que tenía pendiente, y ver películas y series, entrar en la cocina y aprender algunas recetas (no soy buena pero lo intento) y empezar mi propio emprendimiento (esto me llevo a ser parte de un curso que actualmente estoy participando).

Me viene en mente el momento de Oración y Bendición del 27 de marzo en la Plaza de San Pedro, que estando vacía, el Papa Francisco oraba por el fin de la Pandemia (Urbi et Orbi): “Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca, estamos todos. Como esos discípulos, que hablan con una única voz y con angustia dicen: estamos perdidos, también nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino sólo juntos. Nadie se salva solo”.

¡Oye!, ¡no todo está perdido!, tenemos la oportunidad de volver nuestras miradas a Aquel que nos dió la vida, que es Amor, que es Misericordia. Liberarnos de todo lo que nos ata y no nos deja ser libres, despojarnos de todo lo que nos daña y buscar la verdadera felicidad. Debemos tener esperanza de que con la ayuda de Dios todo pasará pronto, es un buen momento para intensificar nuestra oración al Padre, perdonarnos y perdonar a los que nos ofendieron, buscar en el otro la presencia de Dios, practicar la caridad, ser más solidarios con los demás y vivir el amor del Niño Jesús que nacerá en nuestros hogares muy pronto.

Autora: Nathalia González - Católica. Miembro del Equipo de Coordinación de la Pastoral Juvenil de la parroquia San Pablo Apóstol. Abogada.

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